Jimmy Lai, el mártir católico que yace en una celda en Hong Kong y cuyo destino no importa ni a Pedro Sánchez ni a Xi Jinping

Comparte

Fuente: La Gaceta

Por Karina Mariani

Hay un anciano mártir católico que en estos momentos yace en una celda de máxima seguridad de Hong Kong, sin luz natural, sin aire fresco, dibujando crucifijos con unos pocos lápices de colores y regalándolos a los guardias que lo maltratan. Se llama Jimmy Lai y no aparece ni en las cumbres multilaterales con China, ni en los llamamientos por la libertad religiosa de los organismos como ONU. En febrero de 2026, el Tribunal Superior de Hong Kong condenó a Lai a veinte años de prisión que se suman a los cinco que ya lleva entre rejas, en aislamiento total, sin acceso regular a su familia ni a sus abogados. La aritmética es brutal, el hombre no sale vivo de esa celda.

Pero es preferible hablar de la vida de Jimmy Lai y no de su clara sentencia de muerte. Porque su historia tiene la textura de esas novelas trágicas de siglos atrás. Nació en 1947 en Cantón. Cuando tenía tres años, su padre abandonó el hogar. Durante la Revolución Cultural, su madre fue humillada públicamente por los funcionarios de Mao y obligada a desfilar con un gorro de burro y a pedir perdón de rodillas por sus «crímenes burgueses». A los tres años, Jimmy y sus hermanas recogían colillas para revenderlas como cigarrillos, robaban comida y hacían de raterillos para gangsters locales.

A los doce años huyó de la hambruna embarcándose como polizón en un pesquero con destino a Hong Kong, entonces colonia británica. Durmió en un tablón en una fábrica de guantes. Trabajó por sueldos de miseria. Perdió un dedo. Quedó sordo de un oído por un accidente laboral. A los 26, con 900 dólares en el bolsillo logró abrir una modesta fábrica textil. En 1981 fundó Giordano, la empresa que revolucionó el mercado de ropa de Hong Kong. Veinte años después aparecía en Forbes con un patrimonio de miles de millones de dólares. Era el típico millonario sin inquietudes políticas. Hasta Tiananmen.

En 1989, cuando las imágenes de la masacre llegaron a Hong Kong, algo cambió de manera irreversible. «Mi corazón se abrió. Fue como si mi madre me llamara en plena noche», diría después. Imprimió los rostros de los líderes estudiantiles en camisetas, las vendió y recaudó 200.000 dólares para el movimiento democrático. Luego fundó el semanario Next y en 1995 el diario Apple Daily, que se convirtió en el segundo más leído de Hong Kong y en una de las pocas voces que se atrevía a investigar la corrupción del Partido Comunista, cubrir las protestas sin censura y defender la autonomía de la ciudad frente al PCCh.

La independencia languidecía. Pero Lai tenía casas en Kioto, Londres, París y Taipéi. Tenía los recursos, los contactos y los pasaportes para desaparecer con tranquilidad, como tantos otros lo han hecho. No lo hizo. Cuando las multitudinarias protestas de 2019 sacudieron Hong Kong, Lai estaba en la calle, no en el extranjero. Apple Daily cubrió las marchas y adoptó una línea editorial abiertamente crítica con Pekín. La venganza llegó puntual.

El 30 de junio de 2020, el PCCh impuso la cruenta e ilegítima Ley de Seguridad Nacional. Lai la definió entonces como «una sentencia de muerte para Hong Kong». El 10 de agosto de ese mismo año fue arrestado. En junio de 2021, tras una redada policial y la congelación de todos sus activos, Apple Daily cerró para siempre. En sus últimos cinco meses de libertad, Jimmy siguió transmitiendo programas de video semanales con políticos, diplomáticos, periodistas y figuras religiosas. Cuando en 2020 el gobierno prohibió la conmemoración de la masacre de Tiananmen, Lai se arrodilló solo, en el Parque Victoria de Hong Kong y encendió una vela en memoria de las víctimas. Desafiante. Sin que nadie lo respaldara.

Hoy está en una celda. El 2 de abril de este año, el Gobierno de Hong Kong solicitó al Tribunal Superior la confiscación de todos sus bienes. Desde esa celda, Lai escribe cartas, cada tanto le llegan a su hija. En Washington Post, Claire Lai dijo: «Desde 2020, mi padre, Jimmy Lai, permanece en régimen de aislamiento por el delito de defender la democracia. Aunque sus carceleros del Partido Comunista Chino nos han mantenido separados físicamente, he recibido cartas suyas con regularidad. Al leer sus palabras, he comprendido por qué los presos de conciencia han escrito algunas de las reflexiones morales y espirituales más célebres de la historia. Aislados y privados de las comodidades del mundo, logran alcanzar una claridad singular. Esto se puede apreciar en la ‘Carta desde la cárcel de Birmingham’ de Martin Luther King Jr., en las cartas que escribió Santo Tomás Moro mientras esperaba su ejecución en la Torre de Londres, en el diario de prisión que llevó Santa Perpetua en el siglo III y en las misivas que Natan Sharansky y Alexei Navalny escribieron desde prisiones rusas»

Y luego transcribe palabras del propio Lai: «Estoy profundamente agradecido a Dios por haberme hecho pasar por este sufrimiento para que pudiera acercarme más a Él. ¡Qué alegría y qué tesoro es esto! La acción de Dios nos desconcierta, pero siempre resulta maravillosa» La hija concluye su carta con una frase que es, a la vez, un testimonio y un reproche silencioso: «Espero también que quienes gozan de libertad la aprovechen tan bien como él aprovecha su cautiverio».

Hay 1.800 presos políticos en Hong Kong, una ciudad de 7,4 millones de habitantes. Jimmy Lai es el más conocido, el más simbólico y, probablemente, el que tiene menos esperanzas. Su historia reúne en un solo hombre todo lo que Occidente dice valorar: libertad de prensa, resistencia a la tiranía, fe religiosa, valentía civil y el valor de quien renunció a ponerse a salvo porque creía que su lugar estaba con los que resistían.

A finales de marzo, pocas semanas antes de la visita de Pedro Sánchez a Xi Jinping, la Policía de Seguridad Nacional de Hong Kong arrestó a cuatro personas por vender una biografía de Jimmy Lai. El propietario de la librería Book Punch, Pong Yat-ming, y tres empleadas fueron acusados de vender ejemplares de The Troublemaker, una biografía de Lai escrita por Mark Clifford, antiguo directivo de su grupo mediático. El cargo contempla hasta siete años de prisión, y diez si se acredita colusión con fuerzas externas.

Otras dos librerías independientes anunciaron cierres temporales al difundirse la noticia, al tiempo que lectores y simpatizantes señalaban que estos locales se habían convertido en puntos de encuentro vitales para la sociedad civil. No es casual: las librerías independientes de Hong Kong son uno de los últimos espacios donde circulan libros que el régimen considera peligrosos, en un mercado editorial donde varias cadenas convencionales están controladas por la editorial estatal china Sino United Publishing. Al cierre de 2025, China se mantuvo por tercer año consecutivo como el país con más periodistas encarcelados del mundo. Reporteros Sin Fronteras ha clasificado sistemáticamente a China como «la mayor cárcel de periodistas del mundo». Desde que Pekín impuso la Ley de Seguridad Nacional, las autoridades de Hong Kong han detenido a cientos de personas presuntamente por violarla, y los enjuiciamientos tienen una tasa de condenas del 100%.

En estas semanas se ha intensificado la controversia alrededor de la defensa del catolicismo, curiosamente uno de sus inesperados defensores es Pedro Sánchez, que ha visto un oportuno resurgir de su fe. Coincidente con la cosecha de clicks y aplausos, el líder español ha descubierto de repente la importancia de la libertad religiosa, se ha indignado selectivamente con la persecución de creyentes y se ha vuelto un defensor de la dignidad de la Iglesia. Es un buen momento, entonces, para preguntarse si habrá mencionado en su visita a China a Jimmy Lai.

Lai se convirtió al catolicismo a los 50 años, bautizado por el cardenal Joseph Zen, el mismo procesado por las autoridades de Hong Kong. Lai ha sido uno de los principales financiadores de los católicos que se niegan a doblegar su fe para integrarse en la Asociación Patriótica Católica China, el organismo controlado por el Partido Comunista. Se estima que donó unos 20 millones de dólares al cardenal Zen, parte de los cuales se canalizaron hacia la Iglesia clandestina, la que no acepta la tutela del PCCh y cuyos miembros, obispos, sacerdotes y laicos; pagan un precio altísimo por esa negativa.

La Santa Sede, también presa de controversias político religiosas en estos días, lleva años construyendo una relación diferente con Pekín. Ha firmado un acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos en 2018, que se renovó bianualmente en 2020 y en 2022, y el 22 de octubre de 2024 fue prorrogado por cuatro años más, hasta 2028. Su texto permanece confidencial; pero según los términos conocidos, el Papa conserva formalmente la última palabra sobre los nombramientos episcopales, aunque Roma se habría comprometido a no nombrar obispos sin contar previamente con la aprobación de China.

El propio ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano, arzobispo Paul Richard Gallagher, ha reconocido que «no es el mejor acuerdo posible». Un informe elaborado para el Hudson Institute sostiene que la represión religiosa contra la Iglesia católica en China ha empeorado desde que se firmó el acuerdo, documentando la situación de obispos detenidos sin el debido proceso, sometidos a vigilancia y expulsados de sus diócesis por negarse a integrarse en la Asociación Patriótica. De acuerdo a un informe reciente de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, funcionarios chinos habrían ordenado el retiro de imágenes cristianas por imágenes de Xi Jinping.

En la cuarta visita oficial de Pedro Sánchez a China, el presidente del Gobierno anunció 19 acuerdos con la República Popular y respaldó un mayor protagonismo de Pekín en el orden internacional. Xi Jinping, por su parte, instó a Sánchez a fortalecer la confianza mutua y a situarse del lado correcto de la historia. Entre tanta declaración, no tuvo tiempo de nombrar al mártir católico ni al resto de los miles de presos políticos y de conciencia que se consumen en cárceles chinas, lo que convierte esto en algo más que omisión política en el contexto doméstico español de estas mismas semanas.

Pero el mandatario español no es el único cínico en esta historia. La tragedia de Jimmy Lai es desalentadora y perturbadora en todas las formas posibles porque expone con crudeza el abandono de los defensores de los valores de Occidente. Y muchos son los responsables de ese abandono. Mucho se hablará de religión en estos días. Veremos si alguien reza o levanta su voz por Jimmy Lai.

Comparte
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Más antiguos
Recientes
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios