Agustín Benito – La Gaceta de la Iberosfera

El Gobierno de Lula da Silva en Brasil lleva más de un año erosionando la democracia y la libertad, y criminalizando al «bolsonarismo». Ahora está encarcelando sin pruebas a personas cercanas al expresidente.

La Policía Federal sigue orquestando operaciones contra la oposición después de la demostración de fuerza en trasmisiones en vídeo del expresidente (con medio millón de personas), y crece el temor a que pueda meter en prisión al líder conservador para tratar de acabar con su movimiento patriótico de cara al proceso electoral (municipales) de este año, según señala Eduardo Bolsonaro, diputado federal e hijo del expresidente, a LA GACETA.

Bajo las órdenes del ministro del ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, se ha lanzado una operación en la que se apunta a aliados de Bolsonaro. Ha culminado en la ejecución de más de 30 mandatos de búsqueda y aprehensión, al menos cuatro mandatos de prisión preventiva y casi medio centenar de medidas cautelares. El propio Moraes ha prohibido además que los abogados de los partidarios de Bolsonaro se comuniquen entre sí.

En Brasil se impone prisión preventiva cuando hay riesgo de fuga o cuando se ponen obstáculos en la investigación, por lo que un año después del inicio del proceso nadie entiende esta persecución. «No encuentran nada y todo sigue adelante», señala el entorno de Bolsonaro, antes de incidir en los baños de masas del expresidente por todo el país. «Lula no sale a la calle, no tiene apoyo de nada. Sólo va a ciudades que declaran ‘feriado’ el día para que los funcionarios del alcalde (socialista) vayan a verle», reitera.

Las alegaciones centrales de la operación giran sobre una supuesta tentativa de «golpe de Estado», planeada (afirman) por figuras cercanas al exmandatario. Entre las detenciones destacan las del exasesor para Asuntos Internacionales de la Presidencia, Filipe Martins, y el coronel Marcelo Câmara, ex ayudante de órdenes de Bolsonaro, entre otros.

El foco se ha puesto también en el presidente del partido de Bolsonaro, Valdemar Costa Neto, un centrista que llegó a pactar el pasado con el Partido de los Trabajadores. «Hay mucha presión para que el presidente [del partido] no utilice la fuerza de Bolsonaro en las elecciones municipales de octubre, De Moraes no quiere que esté con su fuerza ahí, porque en las ciudades de menos de 200.000 habitantes no hay segunda vuelta», ha manifestado Eduardo Bolsonaro.

«En ciudades del sur, sudeste y centroeste se puede lograr el 30% de las votos y en muchas ciudades ya es suficiente para ganar. Eso va a ser una base para las elecciones en el Senado en 2026 y si tenemos mayoría podemos hacer impeachment a ministros del Supremo Tribunal Federal», ha concluido.

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