La presentación del plan España 2050 del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido un acto más de propaganda. En un nueva cortina de humo diseñada por la factoría de Iván Redondo, el ejecutivo socialcomunista ignora la grave crisis actual que sufre España y presenta una batería de medidas y propuestas para dentro de casi treinta años. A cada cual más disparatada.

Entre los objetivos del plan España 2050 se encuentran la ‘educación alimentaria’, la prohibición de vuelos cortos para hacer frente al “impacto medioambiental del transporte aéreo”, un impuesto sobre el uso del coche o incentivos para aumentar la inmigración, entre otros.

El documento critica abiertamente las costumbres de la ciudadanía española y destaca el impacto medioambiental como el principal problema de la España de dentro de treinta años. El principal culpable para el Gobierno, el consumo de carne: “El abandono progresivo de la dieta mediterránea y el incremento del consumo de productos de origen animal son responsables del 80% de las emisiones asociadas a nuestra alimentación”. Según Sánchez, en 2050, “comeremos menos productos de origen animal y ultra procesados, pero consumiremos más productos locales, ecológicos y de temporada”. El texto también se atreve a entrometerse en el consumo de otro tipo de productos, asegurando que seremos más “responsables”, menos consumistas y que tenderemos a utilizar productos más duraderos antes de comprar nuevos que los remplacen: “Compraremos menos electrodomésticos y dispositivos digitales nuevos, pero usaremos más los servicios de reparación y actualización de los fabricantes”.

El transporte es otro de los polémicos puntos del documento presentado por Sánchez. Incluye el objetivo de elevar al 100% la producción de energía generada mediante fuentes renovables, así como el de reducir en un 90%, hasta 29 millones, las toneladas de CO2 emitidas. Para ello, plantea la introducción de la ‘tasa de viajero frecuente’ o el establecimiento de impuestos sobre los billetes de avión según la cercanía del destino. Asimismo, “se recomienda prohibir los vuelos en aquellos trayectos que puedan realizarse en tren en menos de 2,5 horas“. Ello podría suponer, por ejemplo, la desaparición del puente aéreo entre Madrid y Sevilla o Valencia.

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Las imposiciones en materia de transporte no se limitan a los vuelos, también perjudicarán a los coches. El Gobierno propone pasar de las actuales figuras fiscales sobre la compra, circulación y combustibles, a “un impuesto sobre el uso medido real del vehículo que tenga en cuenta sus características: su peso, su potencia, sus emisiones de contaminantes atmosféricos y gases de efecto invernadero”. También insiste en la persecución del diésel y la sustitución de los vehículos de gasolina para lo que “se elevarán progresivamente los tipos impositivos sobre el consumo de diésel y gasolina hasta que ambos se equiparen al tipo impositivo medio de la gasolina en la UE-8″.

La conciliación es otro de los puntos clave para la España futurible de Sánchez. Moncloa apunta a la jornada laborable de 35 horas semanales y al aumento del número de trabajadores por varias vías: alargar los años de trabajo, incorporar más mujeres y jóvenes e , incluso, un incentivo para aumentar la inmigración.

Fuente: gaceta.es

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