La infraestructura oculta de la vigilancia: cómo la tecnología china potencia la maquinaria represiva de Irán

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Fuente: Voz Media

Por Carlos Dominguez

La alianza estratégica entre China e Irán se ha convertido en uno de los ejes geopolíticos más influyentes y controvertidos de la última década. En un momento en que Teherán enfrenta sanciones internacionales, aislamiento diplomático y una creciente presión interna, Pekín ha emergido como su principal sostén económico y tecnológico.

De acuerdo con un análisis reciente publicado por Politico, basado en datos de la firma de inteligencia de mercados Kpler, en 2025 el régimen de los ayatolás se consolidó como el segundo proveedor de petróleo del gigante asiático —solo por detrás de Arabia Saudita—, exportando 520 millones de barriles directamente a China.

A cambio del flujo constante de petróleo iraní con descuento, China se comprometió en 2021 a invertir unos $400.000 millones durante 25 años, incluyendo sectores como las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y la comunicación iraní.

Del petróleo barato al control total: la red de vigilancia que une a China e Irán

El gigante asiático se ha convertido en uno de los socios estratégicos más influyentes de Irán en materia tecnológica y de seguridad, un vínculo que, según organizaciones de derechos humanos, ha contribuido a reforzar la capacidad del régimen de los ayatolás para vigilar, censurar y reprimir a su población.

El informe Tightening the Net: China’s Infrastructure of Oppression in Iran (Apretando la red: la infraestructura de opresión de China en Irán), publicado recientemente por el think tank británico Article 19, asegura que la brutal represión de las recientes protestas en Irán —en las que hubo al menos 30.000 muertos y más de 53.000 detenciones— fue en gran medida posible gracias al uso de herramientas tecnológicas de origen chino, que permitieron al régimen iraní identificar manifestantes, bloquear comunicaciones y coordinar operaciones de seguridad con una eficacia sin precedentes.

«Al imitar la infraestructura de opresión de China, Irán consolida su poder, elude la rendición de cuentas y ejerce un control total sobre el entorno informativo», advierte Mo Hoseini, director de Resiliencia de Article 19. «De ese modo, la disidencia no solo es silenciada, sino que se impide que llegue siquiera a surgir«. 

El estudio documenta que, durante la última década, la cooperación entre ambos países se ha intensificado en el ámbito del control digital. También explica que empresas de telecomunicaciones chinas han suministrado a Irán equipos de vigilancia, sistemas de reconocimiento facial, tecnologías de inspección profunda de paquetes (DPI) y plataformas de monitoreo masivo.

De acuerdo con The Timesla imagen más emblemática de las protestas de enero contra el régimen iraní fue «un video en el que se ve a un manifestante vestido de negro avanzando con dificultad por una viga estrecha sobre una autopista urbana», con la misión de inutilizar una cámara de tráfico «equipada con tecnología china que enviaba datos de reconocimiento facial a un centro de control en Teherán».

El diario británico señala que, gracias a la tecnología china, «este sistema está conectado a bases de datos nacionales de identificación, rastrea patrones de movimiento y puede predecir comportamientos en tiempo real».

Un sistema que legitima la censura y el control estatal

Desde hace más de una década, el gigante asiático ha ayudado al régimen iraní en la construcción de su Red Nacional de Información (SHOMA), un sistema de intranet controlado diseñado para aislar el internet del país del resto del mundo, filtrar contenido, monitorear comunicaciones y ejecutar desconexiones masivas.

«Desde las empresas chinas integradas en la infraestructura iraní hasta el respaldo de Irán a los principios de ‘soberanía cibernética’ promovidos por China —basados en la censura y la vigilancia—, ambos países avanzan en la misma dirección», explica Michael Caster, director del Programa Global sobre China de Article 19. «Su ambición común es desconectar a sus poblaciones de un internet abierto y global.

La implicación de China en el desarrollo de SHOMA comenzó a principios de la década de 2010, cuando empresas como HuaweiZTETiandy y Hikvision participaron en la modernización de la infraestructura de telecomunicaciones iraní. 

Esta cooperación tecnológica se complementó con una reunión celebrada en 2014 entre funcionarios estatales chinos e iraníes en la que se acordó que China ayudaría a Irán en la puesta en marcha de la Red Nacional de Información de Irán.

Aunque la red es un proyecto propio del Estado iraní, las primeras fases técnicas —especialmente en vigilancia, filtrado y control del tráfico— se apoyaron en tecnología y conocimientos procedentes de las compañías chinas anteriormente mencionadas, según el informe de Article 19. 

La red invisible de cooperación tecnológica que blindó la censura en Irán

El estudio documenta cómo la transferencia de tecnología procedente de empresas chinas ha alimentado durante más de una década la «infraestructura de opresión» que permite a Teherán filtrar contenidos, bloquear el acceso a Internet y vigilar a su población a una escala sin precedentes.

En diciembre de 2010, la compañía china ZTE firmó un contrato con la Compañía de Telecomunicaciones de Irán (TCI) para «suministrar tecnología de vigilancia capaz de monitorizar llamadas de voz, SMS, correos electrónicos, chats y tráfico de Internet mediante sistemas de inspección profunda de paquetes (DPI)». Esta tecnología, ampliamente utilizada en China para controlar el flujo de información, se convirtió en una pieza clave del sistema iraní de censura y monitoreo.

Huawei siguió un camino similar. En la misma época, la empresa ofreció su propia tecnología DPI a MobinNet, entonces el único proveedor nacional de banda ancha inalámbrica en Irán. De acuerdo con documentos de Reuters citados por Article 19, la alianza habría permitido a Huawei ofrecer apoyo para «requisitos especiales de las agencias de seguridad destinados a monitorear en tiempo real el tráfico de comunicaciones entre los suscriptores». 

De acuerdo con el think tank, aunque los datos públicos no permiten verificar si la asociación llegó a concretarse, fuentes familiarizadas con el asunto aseguran que la compañía comenzó a utilizar las herramientas de DPI de Huawei cuando inició sus operaciones.

La cooperación no se limitó a la vigilancia terrestre. Article 19 señala que en 2015 China firmó un memorando para comenzar a exportar su sistema de navegación por satélite Beidou a Irán. Una década después, en 2025, las autoridades iraníes anunciaron su intención de abandonar el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) estadounidense y adoptar por completo la alternativa china. 

El think tank también documenta que la empresa china Tiandy Technologies «ha equipado con tecnología de monitoreo al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC)» y a otras entidades acusadas de vigilancia selectiva y abusos contra los derechos humanos.

La Ruta de la Seda Digital (DSR)

El informe de Article 19 advierte que China se ha convertido en un importante aliado y socio comercial de Teherán en la transferencia de tecnología y el intercambio normativo en el marco de la Ruta de la Seda Digital (DSR). 

Lanzada por China en 2013 y anunciada formalmente como «Ruta de la Seda Digital» en 2015 por Xi Jinping. Se trata de un esfuerzo estratégico para expandir la influencia china en el ámbito digital global mediante la exportación de infraestructura, tecnología y estándares chinos a países en desarrollo, especialmente en AsiaÁfricaOriente Medio, América Latina y Europa del Este.

De acuerdo con Article 19, «la asociación entre China e Irán, que forma parte de un autoritarismo en red más amplio que incluye a Rusia y Corea del Norte, representa una seria amenaza para la libertad global en internet y para los derechos humanos internacionales, especialmente la libertad de expresión y de información».

El think tank reveló que tras el apagón de internet durante las protestas de enero contra el régimen de los ayatolás, la conectividad satelital de Starlink se vio gravemente afectada. De acuerdo con el informe «se informó que hasta un 80 % del tráfico fue interrumpido, lo que refleja un nivel de sofisticación que solo puede lograrse con equipamiento de grado militar». 

Un análisis citados por la Article 19 apunta a que el apagón fue posible gracias a la probable utilización de sistemas rusos, respaldados por una cooperación tecnológica más amplia entre China, Rusia e Irán.

El modelo chino replicado en Teherán

El informe destaca que Irán ha modelado sus instituciones de control digital siguiendo el ejemplo chino. El Supreme Council of Cyberspace (SCC), creado en 2012, cumple funciones similares a la Cyberspace Administration of China (CAC): supervisa la infraestructura digital, dicta normas obligatorias y coordina a los organismos de seguridad.

«Ambos operan bajo un liderazgo muy centralizado -el Líder Supremo Ali Jamenei y Xi Jinping, respectivamente- y aplican un control represivo de Internet. En el plano normativo, la Red Nacional de Información de Irán se asemeja mucho al Gran Cortafuegos de China.

El gigante asiático sostiene que la gobernanza de internet es una extensión natural de la soberanía nacional y, de acuerdo con el think tank, esta alianza con Irán refuerza «la idea de que los Estados tienen control absoluto sobre su ecosistema de gobernanza de internet, desafiando tanto el derecho internacional de los derechos humanos como los principios de libertad en la red».

Article 19 subraya que «en el marco de su cibersoberanía, ambos regímenes centralizan la censura, la vigilancia y la manipulación de la información, promoviendo ecosistemas digitales aprobados por el Estado y el Partido, al tiempo que reprimen la libertad de expresión y el acceso a la información».

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