Fuente: InfoCatólica
Un reciente estudio en los Estados Unidos muestra la estrecha vinculación entre el matrimonio y la probabilidad de ser felices, que aumenta aún más en los casados que dan importancia a la religión y que viven su fe en familia.
El matrimonio no está de moda. Las cifras de matrimonios y, más aún, de duración de los matrimonios, llevan décadas cayendo por todo el mundo, pero especialmente en los países occidentales. Multitud de jóvenes miran con desconfianza o son incapaces de entender siquiera el matrimonio, la castidad e incluso el hecho de tener hijos.
El divorcio se introdujo en prácticamente todos los países como un supuesto remedio para evitar la infelicidad matrimonial y es muy difícil imaginar que se pueda dar marcha atrás en esto. Un estudio reciente, sin embargo, sugiere que la felicidad está precisamente en lo contrario: los casados tienen el doble de probabilidad de ser «muy felices» en sus vidas en comparación con los no casados.
A pesar de ello, según los autores del estudio realizado por el Instituto de Estudios Familiares de Virginia y el Instituto Wheatley de Utah, el número de hombres y las mujeres modernos que consideran que «la clave para vivir una vida feliz» está en «disfrutar de la carrera profesional» es tres veces mayor que el de los que consideran que esa clave está más bien en el matrimonio. Esta brecha entre la percepción y la realidad es particularmente llamativa en las mujeres, que, tradicionalmente, siempre han estado más volcadas en la familia.
Si estar casado es, estadísticamente uno de los secretos para ser más feliz, además los esposos que acuden regularmente a la iglesia con sus cónyuges e hijos tienen entre el doble y el triple de probabilidad de ser felices que los casados que no lo hacen. «Para los esposos, la asistencia regular a la iglesia se asoció con un aumento del 212 % en sus probabilidades de ser muy felices en el matrimonio, en comparación con sus pares menos religiosos o no religiosos», mientras que, para las esposas, el aumento es del 112%.
No sorprenderá a nadie que la asistencia regular a la iglesia sea un factor clave para la durabilidad del matrimonio a largo plazo. El aumento de la estabilidad percibida por esos matrimonios está entre el 116% y el 124%.
Por si eso fuera poco, los autores del estudio encontraron que «los beneficios de la religión para el matrimonio aumentan aún más cuando los cónyuges participan en prácticas religiosas compartidas centradas en el hogar», de manera que esos matrimonios mostraban altos niveles de satisfacción con la vida, estabilidad en la relación y cercanía emocional, a la vez que menos dificultades financieras.
Casi parece que las promesas de felicidad de la modernidad hayan demostrado ser inversamente proporcionales a la realidad.









