Por Rafa Gómez-Santos Martín – Gateway Hispanic
El presidente Donald Trump ha anunciado la convocatoria de una cumbre estratégica en Miami el próximo 7 de marzo, reuniendo a los principales líderes conservadores de Hispanoamérica.
La cita se llevará a cabo en el complejo Trump National Doral y tiene como objetivo consolidar un bloque político capaz de frenar el avance del socialismo en la región, fortalecer la seguridad y defender la soberanía nacional.
Entre los líderes confirmados se encuentran el presidente de Argentina, Javier Milei; el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele; y el recientemente electo presidente de Chile, Antonio Kast. También participarán el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, y el presidente de Paraguay, Santiago Peña, así como el dirigente hondureño Nasry Asfura y el opositor boliviano Rodrigo Paz.
La composición de la cumbre deja claro su carácter estratégico y selectivo. Figuran solo líderes que promueven estabilidad económica, respeto a la ley, seguridad y valores tradicionales.
Se ha excluido a mandatarios de izquierda como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el presidente colombiano Gustavo Petro, lo que subraya la intención de construir un bloque coherente frente a modelos estatistas que han generado crisis recurrentes en la región.
El contexto regional refuerza la urgencia de la reunión. Argentina, bajo Milei, avanza en un plan de reformas económicas con recortes al gasto público y desregulación. El Salvador ha consolidado políticas de seguridad que han reducido la violencia y mejorado la estabilidad interna.
Ecuador enfrenta desafíos en materia de crimen organizado y narcotráfico que exigen coordinación regional. Chile, con Kast, representa una alternativa conservadora tras años de tensión social y política, mientras Paraguay mantiene un alineamiento cercano con Washington.
La agenda de la cumbre incluye seguridad fronteriza, cooperación energética, combate al narcotráfico, control migratorio y atracción de inversión privada. La inmigración ilegal y desordenada es un eje central de la discusión, dado su impacto directo en la estabilidad social y económica tanto en Estados Unidos como en los países de origen.
Más allá de los acuerdos concretos que puedan surgir, la imagen de estos mandatarios reunidos envía un mensaje inequívoco sobre el compromiso con la ley, la familia, la libertad económica y la soberanía nacional. Frente a la expansión de discursos progresistas que promueven intervencionismo estatal y divisiones sociales, este bloque apuesta por el orden, la autoridad legítima y la responsabilidad individual.
La cumbre del 7 de marzo podría marcar un punto de inflexión en la política hemisférica. La historia reciente ha demostrado que cuando las políticas progresistas se imponen sin contrapesos, las consecuencias recaen sobre las familias, la economía y la seguridad ciudadana.
La defensa de la ley, la libertad y los valores tradicionales no es una opción ideológica, sino una necesidad histórica para garantizar la estabilidad y el futuro del continente.









