Por Gabriela Moreno – Panampost.com
Sin ningún cronograma público ni detalles de las inversiones, China avanza en la instalación de un cable submarino de fibra que une a Hong Kong con las costas de Chile. Con la infraestructura bajo el agua, el régimen comunista de Xi Jinping competirá con las plataformas de Estados Unidos que conectan a la nación austral con California y Carolina del Sur.
La batalla de Pekín por aumentar sus plataformas trasatlánticas transcurre de forma casi secreta. Sobre el proyecto llamado Chile–China Express (CCE) hay discreción absoluta, según reportes que divulga Infobae.
La información disponible sobre su financiamiento, instancias involucradas, así como condiciones contractuales suscritas, están bajo reserva. Lo único conocido es que este cable submarino tendrá una capacidad de transmisión de 144 terabits por segundo y una vida útil estimada de 25 años.
La situación contrasta en comparación con el proyecto Cable Humboldt, desarrollado entre La Moneda, Google, la empresa estatal Desarrollo País y la Oficina de Correos y Telecomunicaciones de la Polinesia Francesa. Sobre esta iniciativa está claro que el trazado abarca 12000 kilómetros y conectará, a partir del último trimestre de este año, a Valparaíso con Sídney, pasando por Tahití, tras una inversión de 550 millones dólares con socios identificados.
Las notables diferencias en el manejo de estos proyectos esconden una realidad: “No ha existido una conducción institucional clara ni transparente. Las decisiones se tomaron por impulsos presidenciales, sin lineamientos estables ni defensa coherente de lo que Chile necesita”, apunta el senador Alejandro Kusanovic, quien incluso duda de la visión de la Cancillería en el asunto.
Promesa con engaño
Las miradas giran hacia el gobierno del presidente Gabriel Boric. Su Administración consintió esta propuesta del gigante asiático que pretende dejar a un lado a los dos cables submarinos estadounidenses, Curie y Cirion, que permiten a Chile estar conectado con el mundo con sus más de 20000 kilómetros de red operativa.
La multinacional Inchcape Shipping Services (ISS), especialista en gestión portuaria y servicios marítimos, está a cargo del proyecto chino junto a la empresa Puerto Valparaíso. Ambas coinciden en que Chile alcanzará hasta 16 terabits por segundo de velocidad y significaría un “salto cualitativo“ e incluso, reducción en los costos asociados a la transmisión de datos. También promete mejorar la estabilidad de internet, facilitar el intercambio de información científica, potenciar servicios en la nube e inteligencia artificial al conectar a Valparaíso con puntos en Guangdong y Shenzhen.
Sin embargo, los cables submarinos son más que enlaces, equivalen a activos estratégicos que, dependiendo de quien los controle, facilita el acceso a información sensible, permite vigilar bases de datos y operar como sensores.
Cable para espionaje
El poder de China con un cable submarino en Chile de alta capacidad es un problema, si se admite que el CCE permitiría al régimen de Xi Jinping controlar nodos de transmisión estratégica. Esto se debe a que su Ley de Ciberseguridad, aprobada en 2017, obliga a empresas y ciudadanos a cooperar con los servicios de inteligencia y establece requisitos de almacenamiento local, auditoría y transferencia de datos para operadores de infraestructura crítica.
A su vez, la normativa exige la colaboración activa de cualquier empresa, dentro y fuera del país, con las actividades de inteligencia del Estado. El marco implica que datos que circulen por infraestructura gestionada por empresas chinas pueden ser puestos a disposición de Pekín, sin que los usuarios ni los Estados interconectados tengan forma de impedirlo.
Chile no sería el único afectado. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú o Ecuador también enfrentarían riesgos, porque parte de su tráfico estará enrutado por el Chile–China Express. En resumen, el control chino de la infraestructura digital en Valparaíso comprometería la seguridad de datos de la región.
Un punto estratégico para Pekín
China insiste en rebatir los cuestionamientos. No tiene más opciones, cuando Chile es el mayor receptor en YouTube de la desinformación que divulgan los canales chinos. Desde hace dos años, La nación austral figura como el epicentro de la maniobra mediática del régimen de Xi Jinping, que busca convertir a los seguidores ocasionales en espectadores recurrentes de contenido político infiltrado en piezas de entretenimiento.
Sólo la Agencia de Noticias de Xinhua, la más grande en China, cuyo rol es promover las relaciones que mantiene el país en la región entre sus 80.000 seguidores posiciona a Chile como el país más mencionado de América Latina en las producciones audiovisuales que suman 31 millones de vistas.
Sin embargo, el futuro del proyecto que impulsa Pekín estará en debate. El próximo 2 de marzo, cuando se reactiven las sesiones en el Congreso, la Comisión de Defensa Nacional convocará una plenaria para revisar los antecedentes.









