Una investigación denuncia que México desplegó una red de consulados en EEUU para influir en elecciones y movilizar a inmigrantes contra Trump

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Fuente: La Gaceta

Según el periodista los consulados habrían sido utilizados como centros de movilización política

Por Carlos Rioba

Una investigación del periodista estadounidense Peter Schweizer, autor del libro The Invisible Coup, denuncia que el Estado mexicano ha utilizado su extensa red consular en Estados Unidos como una infraestructura política encubierta destinada a influir en procesos electorales estadounidenses y a convertir a inmigrantes en una fuerza política al servicio de los intereses de México.

Según el informe, México cuenta actualmente con más de 50 consulados repartidos por todo el territorio estadounidense, una cifra sin parangón entre países vecinos. Lejos de limitarse a tareas diplomáticas o administrativas, estas oficinas habrían actuado durante años como centros de movilización política, coordinándose con asesores políticos estadounidenses para orientar el voto y la presión social en favor de políticas migratorias laxas.

Uno de los mecanismos más llamativos señalados por Schweizer es el envío anual de alrededor de un millón de libros de texto a escuelas estadounidenses, en los que se enseña una versión de la historia de Estados Unidos elaborada por el Gobierno mexicano. Estos materiales no estarían orientados a la integración cívica, sino a reforzar una identidad política separada y una visión militante de la inmigración.

Los consulados también ofrecen cursos y programas para adultos de origen mexicano que, según la investigación, no buscan facilitar la asimilación, sino fomentar una conciencia política colectiva basada en la presión electoral y la movilización callejera.

El punto culminante de esta estrategia habría sido la organización y respaldo de protestas masivas contra las políticas migratorias de Estados Unidos, especialmente durante los años de la presidencia de Donald Trump. En la primavera de 2007, cientos de miles de manifestantes tomaron las calles de más de veinte ciudades estadounidenses, portando banderas extranjeras y coreando consignas como «Hoy marchamos, mañana votamos» o «No cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros».

Según estimaciones citadas en el libro, entre 3,5 y 5 millones de personas participaron en aquellas movilizaciones, que lograron bloquear una reforma legislativa que endurecía las penas contra la inmigración ilegal. Para Schweizer, este episodio demuestra que la presión organizada funcionó como una herramienta directa para condicionar el proceso legislativo estadounidense.

En una de esas protestas en Los Ángeles, un periodista de la televisión mexicana llegó a declarar, ante las cámaras: «Con todo respeto al Tío Sam, esto demuestra que Los Ángeles nunca ha dejado de ser nuestra», una frase que refleja —según el autor— la normalización de un discurso de injerencia política.

La investigación también apunta directamente al expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien en 2017 recorrió varias ciudades de Estados Unidos con el objetivo explícito de movilizar a la diáspora mexicana contra las políticas fronterizas de Trump, que estaban afectando gravemente a los intereses de los cárteles y a los flujos migratorios.

AMLO llegó incluso a proponer que los consulados mexicanos se convirtieran en oficinas de defensa de inmigrantes, una iniciativa sin precedentes que, según Schweizer, suponía una campaña política extranjera abierta contra un presidente estadounidense en ejercicio.

«López Obrador no se limitó a ayudar a migrantes en procesos legales», escribe Schweizer. «Trabajó activamente para provocar un cambio electoral dentro de Estados Unidos. Una interferencia extranjera de este calibre no tiene precedentes entre países que no están en guerra».

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