Por Luis Leonel León – La Gaceta de la Iberoefera

Silvio Rodríguez ofreció el pasado domingo un concierto en el Auditorio Miguel Ríos del municipio Rivas-Vaciamadrid (Comunidad de Madrid) al que acudieron alrededor de 7.000 personas, según dijo el portal oficialista Cubadebate, vanagloriándose del recibimiento al trovador de la revolución cubana. 

El motivo del evento no sólo era celebrar el centenario del nefasto Partido Comunista de España (PCE), sino también obtener dinero para beneficio de la dictadura, bajo el pretexto de que lo recaudado sería donado a la «salud pública«, y a la par, no faltaría más, apuntalar con su música el proselitismo del Partido Comunista en Madrid y en toda España, cuyas fiestas han servido para volver a enmarañar y ensalzar 100 años de infamia, corrupción, asesinatos e idiotez de altos quilates. 

Tanto el cantautor como los estrategas comunistas a ambos lados del Atlántico saben que su maquinaria de difusión y adoctrinamiento no puede descansar, hoy día cada vez más enfocada en la guerra cultural neomarxista, cuya meta es doblegar la defensa de las libertades individuales y domesticar las masas desde un Estado benefactor del totalitarismo. Sin duda una de sus principales fórmulas para, junto con la constante represión, continuar embaucando a los pueblos y aferrarse al poder. 

«Mientras la derecha española y los anticubanos pedían se cancelaran sus conciertos, él [Rodríguez] ponía su voz y su poesía por Cuba», escribió en Cubadebate, medio clave para la tergiversación de la dictadura, la periodista de la televisión cubana Maribel Acosta, presente en las celebraciones. Este fue el mensaje divulgado con vehemencia tanto por los medios castristas como por los comunistas y podemitas en España. 

Es cierto que un grupo de exiliados del comunismo cubano se opusieron, sin suerte, a que el trovador, plegado a la represión que sufre la Isla, recolectara miles de euros para las arcas castristas. Pero las autoridades madrileñas permitieron sus presentaciones. Un resultado que era de esperar. Pues en realidad, aunque resulta un bochorno, no es contradictorio que el cantautor comunista cante y haga propaganda comunista en Madrid. 

Entendamos que allí, como en otras partes, es celebrado con total impunidad, cinismo e ignorancia el Partido Comunista, cuyo objetivo no es otro que imponer el sistema causante de la muerte de más de 150 millones de personas durante todo un siglo, del exilio muchísimos y de haber arrastrado al encierro y la miseria material y espiritual a decenas de países, antes libres y prósperos. La existencia del Partido Comunista (no así el nazi, que asesinó a mucho menos personas) es una indecencia que España comparte con otras democracias, como Estados Unidos. Ante esta realidad, que Rodríguez cante en Madrid es sólo un rasguño más en el alma de España y del mundo. 

Lo ocurrido en Cuba el 11 de julio (11-J) pasado, y en algunos días posteriores, fue una demostración innegable de que los cubanos no quieren seguir soportando la prolongadísima imposición del comunismo, muy a pesar del miedo a la sistemática violencia gubernamental, y del silencio o el contubernio internacional ante los abusos del régimen. Quien no interprete así las marchas multitudinarias que gritaban «abajo el comunismo», «no más dictadura», «fuera los Castro y Díaz-Canel», está ciego o se niega a ver una realidad innegable. 

No olvidemos que Rodríguez, acólito y sumiso de la élite castrista, llegó no sólo a demeritar las masivas manifestaciones anticomunistas del 11-J en Cuba, sino que también intentó minimizar la represión ejecutada por fuerzas militares y paramilitares al servicio del castrismo, argumentando que él no vio ninguno de los cientos de videos de violencia policialque inundaron las redes sociales. Luego de que muchos cubanos lo criticaran (entre ellos el dramaturgo Yunior García Aguilera, quien estuvo detenido en las protestas y le escribió una carta abierta) aceptó que sí habían arrestados por el hecho de manifestarse y habló de una «amnistía para los que no fueron violentos», insistiendo en la deformación de lo ocurrido. 

El neocastrismo -enfocado en las estrategias culturales de la nueva izquierda globalista- negará siempre esta realidad. Su interés en Madrid es idealizar al cantor del comunismo para así, desde la manipulación cultural, diseminar su nociva injerencia en la sociedad y la política de España: «Silvio no se iba y la gente pedía ¡otra, otra, otra! ¡El necio, el necio! Y Silvio la cantó… y se escuchaba ¡Cuba vencerá! Y yo que estoy aquí por azares y solidaridad, sentí los latidos rápidos de mi amor por Cuba. Y Silvio gritó: ¡Abajo el bloqueo! Y claro, me di cuenta de que Silvio Rodríguez había fundado un Partido en Madrid, porque como dice como dice el refrán: al que no quiere caldo, le dan tres tazas», escribió en Cubadebate la periodista Acosta, sobreexcitada y a la vez ambicionando un mensaje en clave de distorsión social y amenaza política. 

Ante esto, cubanos en España han mostrado su inconformidad. Lázaro Mireles Galbán, coordinador Movimiento Político Somos+ en España declaró que «después de un intento fallido de tener una reunión con Isabel Díaz Ayusopresidenta de la Comunidad de Madrid para declarar non-grata» la presencia de Rodríguez y otros artistas castristas en Madrid, «y su negativa de apoyo«, su organización recibió el permiso para manifestarse el 2 de octubre contra el concierto que Rodríguez ofrecerá en el WiZink Center, y ha acotado que «aún así ha intentado el Partido Popular denegarnos el montaje de un escenario Patria y Vida y haremos mucho más, marcharemos por las calles de Madrid en señal de protesta al comunismo y a sus cómplices». 

Este es el itinerario para la protesta del 2 de octubre en Madrid: «La marcha #SosCuba, a las 19:00 horas, se iniciará en la zona peatonal de la Plaza de la Independencia (Puerta del Alcalá), en la confluencia de la Calle Serrano con dicha Plaza, y discurrirá por la Calle de Alcalá, Calle de Jorge Juan y Calle de Fernán González, finalizando en la Plaza de Salvador Dalí. (Wizink Center). La concentración protesta, entre las 20:00 y las 22:00 horas, se realizará en la zona peatonal de la Plaza de Salvador Dalí (junto a la escultura y Dolmen de Dalí), situándose los asistentes de frente al área de entrada al Palacio de Conciertos». 

«Convocamos a todos los medios de prensa y todos los amigos de la Libertad que nos quieran acompañar en esta búsqueda de solidaridad y apoyo al pueblo cubano, debemos centrar nuestros esfuerzos para tener la base que impida de una buena vez el oxígeno que continúa recibiendo el régimen de La Habana que continuamente viola y suprime de derechos y libertades fundamentales a millones de seres humanos en la isla, esperamos de quiénes no puedan participar apoyo máximo en redes sociales para garantizar la mayor participación que sea posible», concluye el comunicado. 

Miguel Díaz-Canel, títere y a la vez titiritero de la dictadura, también se dedicó a elogiar la «acogida» del concierto de Rodríguez en Madrid y especificó que el dinero recaudado en sus dos presentaciones sería donado para enviar «medicamentos y material sanitario a hospitales cubanos» a través de la empresa Medicuba-España, que «conforma, junto a otras 53 entidades solidarias, el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba (MESC), de reciente creación». 

Silvio Rodríguez, devenido el más necio vocero y adulón del régimen cubano, no dejará de actuar como tal. Y no lo dice el exilio ni tampoco esa libertad que él –ahogado en una burda repetición vacía de poesía– llama el «imperialismo yanqui». Lo dice él mismo. Lo hace él mismo. Hace mucho tiempo que el autor de hermosas canciones y que influenció y engañó a millones de jóvenes, perdió la vergüenza. 

No podría ser de otro modo. Pues cuando un comunista se da cuenta del horror que conlleva defender ese sistema y no tiene el valor de disentir, o al menos de acallar su penosa faena, y se aferra a la impúdica salvaguardia de los desmanes y la demagogia, inevitablemente se transforma en un ser funesto, inmoral, un colaborador del crimen. Y eso es, para frustración de muchos, Silvio Rodríguez. 

Pero reconozcamos que lo más triste no es su penosa actuación. Y tampoco lo más triste es que no pocos españoles y otros ciudadanos aún sigan aplaudiéndole, olvidándose de que su labor, desde hace décadas, dejó de ser la del músico para convertirse en un instrumento cultural que publicita y siembra por doquier, con trasnochadas melodías, el adoctrinamiento, la justificación del crimen y la miseria que hoy sufren millones de cubanos, venezolanos, nicaragüenses, bolivianos y otros en el mundo. 

Lo más triste. Lo profundamente terrible es que en el mundo, con el consentimiento ciudadano y el apoyo de Estados y organizaciones internacionales, se siga celebrando la existencia de los partidos comunistas. Cuando no sólo por ley, como hoy sucede con los partidos nazis, no se pueda celebrar más la funesta ideología comunista ni blanquear los millones de crímenes cometidos por sus partidos en el mundo, entonces miserables cantores como Silvio Rodríguez tendrán menos oportunidades para dañar las sociedades y dinamitar la libertad.

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