Por Jon Miltimore – elamerican.com

¿Dónde comemos mañana?”, me preguntó mi esposa con entusiasmo mientras estábamos sentados en nuestra terraza el viernes por la noche.

Había conseguido una niñera para el sábado por la noche, y ambos estábamos ansiosos por salir a cenar juntos por primera vez en meses.

Broders’”, respondí sin dudar.

Situado en el suroeste de Minneapolis, Broders Pasta Bar es una joya local. Tiene un gran patio al aire libre y la mejor cocina italiana de las Ciudades Gemelas. No habíamos comido allí desde que comenzó la pandemia.

Mi mujer asintió y empezó a hacer una reservación por teléfono. Entonces se quedó boquiabierta.

“Esto no te va a gustar”, dijo.

Tenía razón.

En su página web, Broders’ tiene un aviso para los clientes en el que les notifica un nuevo cargo del 15% por “beneficios y equidad” que han instituido. En primer lugar, justifican el cargo explicando que “muchos estados han permitido reducir el salario mínimo del personal de servicio en forma de crédito por propinas”. (Más sobre esto en un minuto).

La segunda justificación del restaurante es que muchos de los que dan propinas son racistas y sexistas, según una investigación no citada.

“Los estudios también han demostrado que existe una desigualdad y un sesgo incorporado en la forma en que los consumidores dan las propinas”, dice el comunicado. “En general, los mesoneros negros o morenos reciben menos propinas que los caucásicos. También existe un sesgo de género”.

La parte final del comunicado dice que la nueva política se deriva de una injusticia racial más amplia y no es un sustituto de la propina.

“Tras las protestas por la injusticia racial y los cierres debidos al Covid, ha llegado el momento de que Broders’ reimagine su economía y ofrezca una remuneración justa en toda la empresa”, dice el comunicado. “Nuestro Cargo por Beneficios y Equidad se aplica íntegramente a la remuneración de los empleados. Este suplemento nos ayuda a establecer un salario mínimo de 16 dólares por hora para los empleados que están frente al cliente, 18 dólares para los empleados de la cocina… En conjunto, esto permite que todo el mundo en nuestra empresa gane un verdadero salario digno”. El 15% de beneficios y equidad no es una gratificación”.

Por supuesto, Broders’ puede añadir este cargo adicional, pero hay algunas cosas que deben tenerse en cuenta.

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En primer lugar, es cierto que muchos estados permiten que los empleados que reciben propinas ganen menos del salario mínimo. Sin embargo, Minnesota no es uno de esos estados. Las empresas con ingresos brutos superiores a $500.000 dólares están obligadas por ley a pagarle a sus empleados -incluidos los que reciben propinas- al menos $10.08 dólares la hora. (Para las empresas con ingresos brutos inferiores a $500.000 dólares, el salario mínimo es de $8.21 dólares).

Que Broders’ incluya esta frase – “muchos estados han permitido reducir los salarios mínimos”- para justificar su política de equidad, sabiendo perfectamente que esta política no se aplica en Minnesota, es engañoso.

En segundo lugar, no soy Robert Irvine, pero decirle a tus clientes que vas a empezar a cobrarles más porque son demasiado intolerantes para dar una propina justa puede que no sea una buena estrategia del restaurante. Sólo digo. Como antiguo trabajador de un restaurante, me enorgullezco de ser generoso y justo a la hora de dar propinas y la insinuación de que no se me pueda confiar esta responsabilidad no me gusta.

Por último, si Broders’ considera que los trabajadores detrás del restaurante no ganan lo suficiente, hay una solución: pagarles más. Esta acción no requiere ningún recargo, ni conferencias públicas sobre la opresión sistémica. Sólo requiere que el restaurante dirija un negocio eficiente y rentable que le permita pagarle a los trabajadores un salario que considere justo y “vivible”.

Por curiosidad, miré a mi alrededor para ver si otros restaurantes están añadiendo cargos similares. Rápidamente encontré uno. Pizzeria Toro, un restaurante en Carolina del Norte, anunció recientemente que va a introducir una tasa de salario digno del 20%.

El propietario de la pizzería, Gray Brooks, dijo que se trata de algo “equitativo”. “Para que los de abajo suban, los de arriba tienen que bajar un poco”, dijo Brooks.

Esto es, por supuesto, un ejemplo perfecto de la falacia del pastel de tamaño fijo . Para los que no estén familiarizados, la falacia supone que la economía es fija y para que a los pobres les vaya mejor, los más acomodados deben simplemente sacrificar más.

“Si asumimos que la riqueza es un pastel de tamaño fijo, entonces cuantos más trozos obtengan los ricos, menos quedarán para los pobres”, explicó Chelsea Follett. “En otras palabras, la gente sólo puede mejorar a costa de los demás. En el mundo de pastel fijo, si observamos que los ricos son cada vez más ricos, debe ser porque otras personas se están empobreciendo. Afortunadamente, en el mundo real, el pastel no es fijo”.

Que el pastel fijo sea una falacia está claro. No se puede crear nueva materia, pero sí nuevo valor. El valor se crea cada vez que dos partes realizan un intercambio voluntario. Y la economía de mercado es una vasta red de billones y billones de intercambios que crean valor.

El “pastel” de valor de la economía de mercado crece con cada intercambio en el que todos ganan. Por lo tanto, no hay necesidad de transferencias “ganar-perder” de los que tienen a los que no tienen.

Históricamente, los pobres han recibido mucha más ayuda de la libertad y la oportunidad de participar en el mercado que de las transferencias de riqueza (ya sea en forma de caridad o de impuestos). Además, la forma de utilizar la riqueza privada para aliviar la pobreza no ha sido regalarla, sino invertirla en bienes de capital, lo que aumenta la productividad del trabajo y, por tanto, los salarios reales. No hay más que ver el aumento de la renta per cápita desde el siglo XVIII, lo que demuestra que “el creciente pastel” del mercado benefició a todos.

Los propietarios de estos establecimientos son libres de dirigir sus negocios como quieran (al igual que yo soy libre de llevar mi dinero a otra parte). Pero, si realmente se preocupan por mejorar a sus trabajadores, deberían preocuparse menos por la señalización de virtudes corporativas y más por mejorar realmente su negocio. Y si todavía tienen banda para hacer algo bueno después de eso, podrían trabajar en la oposición a todas las muchas maneras -salario mínimo, licencias ocupacionales, etc.- en que el gobierno se interpone en el camino de los trabajadores que participan y se benefician del “crecimiento del pastel”.

“La mayoría de las falacias económicas se derivan de la tendencia a suponer que hay un pastel de tamaño fijo, que una parte sólo puede ganar a costa de otra”, observó una vez Milton Friedman.

Una de las razones por las que persiste la falacia del pastel fijo es, sin duda, este hiperenfoque en la equidad. Algunos podrían considerar los recargos por equidad como una astuta estratagema de los restaurantes para obtener más por sus trabajadores, pero eso no significa que sean benignos.

Centrarse en la equidad tiende a poner en conflicto a los trabajadores y a las empresas, dando a entender que los trabajadores están siendo explotados y privados de su parte justa. Esta idea -que la relación empleador-empleado es intrínsecamente explotadora- se basa en el marxismo y ha sido refutada eficazmente por los economistas. Esta mentalidad se basa en el resentimiento y la lucha de clases, dos pilares del socialismo, y enseña a la gente a ver el mundo a través de la lente de la opresión y el conflicto.

Sin duda, en un nuevo giro, los restaurantes parecen estar tratando de pasar esta supuesta explotación a los clientes, tal vez para aplacar a los trabajadores descontentos o tal vez para aprovechar las corrientes de justicia social. Pero esto no hace que las ideas sean menos dañinas.

Sea como fuere, sospecho que los intentos de hacer que los clientes paguen cargos de “equidad” serán contraproducentes.

A los clientes les gusta tener opciones. Esa es una de las muchas bellezas de los mercados. Los consumidores podemos elegir cómo responder a las cosas. Si no te gustan las políticas agresivas de Twitter en materia de expresión, bien; puedes irte a otro sitio. Si no te gustan las donaciones benéficas de Chick fil A, puedes comer en Popeye’s. Si un concesionario de autos te trata mal, puedes llevar tu compra a otro sitio.

Y si no te gusta la nueva política de recargo por equidad de tu restaurante favorito, puedes simplemente ejercer el poder de salirte, como yo pienso hacerlo.

Para mí, la elección era sencilla: Mi restaurante favorito ha añadido un recargo por equidad. ¿Qué debo hacer?

Me entristece decir que no volveré a comer en Broders’. Al menos, no mientras me apliquen cargos por equidad.

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